EDUCACIÓN PARA ADULTOS
MAYORES ANTE LA LONGEVIDAD CRECIENTE
EDUCATION FOR OLDER ADULTS IN THE FAC OF INCREASING LONGEVITY
ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN
María
del Rosario Guerra González
Doctora
en Filosofía
Instituto
de Estudios Sobre la Universidad. Universidad Autónoma del Estado de México.
México
Correo
electrónico: rsrguerra@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-
2077-675X
Octavio
Márquez Mendoza
Doctor
en Humanidades
Instituto
de Estudios Sobre la Universidad. Universidad Autónoma del Estado de México.
México
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2404-1889
Recibido: 16/04/2026
Aceptado: 18/05/2026
DOI:
https://doi.org/10.53436/61VS21JD
D’perspectivas
siglo XXI,
Volumen 13, Número 26, Año 2026. Julio-diciembre
ISSN(e):
2448-6566
Este
es un documento de acceso abierto bajo la licencia
Creative
Commons 4.0 Atribución-No Comercial
(CC
BY-NC 4.0 Internacional)
RESUMEN
Objetivo.
Presentar desde una postura filosófica, la necesidad de tomar en cuenta a los
adultos mayores dentro de los planes de estudio universitarios, con el objetivo
de que ese grupo de la población pueda vivir dignamente esa etapa de la vida,
desde la autonomía. Metodología. Se analizan textos de filósofos que
hablan sobre longevidad desde el S. XIX en adelante, entre ellos Bergson,
Etxeberria, Jankélévitch, Levmore, Lévinas, Nussbaum, Piñas, Schopenhauer y
Spencer, y se ubica el lugar de la autonomía y de la responsabilidad como
situaciones determinantes de una existencia larga y digna. Se trata de una
investigación documental cualitativa; en la primera parte de la misma se
realizan lecturas detalladas. Se emplea una interpretación tanto hermenéutica
como analítica y deductiva que integra el sentido de los conceptos y su
aplicación al problema de estudio: la relación entre la vida longeva y la
educación para adultos mayores. Resultados. Se presenta la longevidad
como una cualidad vital en la cual necesitan converger factores corporales y
psíquicos, dentro de un contexto social y universitario. El principal aporte
del tema es considerar que las instituciones de educación superior necesitan
incluir la formación en autonomía.
Palabras clave: longevidad,
autonomía, responsabilidad, educación.
ABSTRACT
Aim. Presents, from a philosophical standpoint, the need
to take older adults into account within university curricula, with the aim
that this population group can live that stage of life with dignity, from a
position of autonomy. To this end, texts by philosophers who discuss longevity
from the 19th century onwards are analyzed, including Bergson, Etxeberria,
Jankélévitch, Levmore, Lévinas, Nussbaum, Piñas, Schopenhauer, and Spencer, and
the place of autonomy and responsibility is positioned as determining factors
for a long and dignified existence. Methodology. This is a qualitative
documentary research; in the first part of it, detailed readings are carried
out. Both hermeneutic and analytical and deductive interpretation are employed,
integrating the meaning of the concepts and their application to the study
problem: the relationship between long life and education for older adults. Results. The result of the
article is to present longevity as a vital quality in which bodily and psychic
factors need to converge, within a social and university context. The main
contribution of the topic is to consider that higher education institutions
need to include training in autonomy.
Keywords: longevity, autonomy, responsibility, education.
PRESENTACIÓN
En una de las “lecciones” que escribe
Morin, al cumplir cien años, aparece la distinción entre dos sentidos de la
palabra “vivir”. El primero es existir, mantener la condición de ser vivo, pero
esto no es suficiente, hay otra concepción:
El
segundo sentido de la palabra vivir es gestionar la propia vida con sus
oportunidades y riesgos, sus posibilidades de goce y de sufrimiento, sus
felicidades y sus desdichas. La supervivencia es necesaria para la vida, pero
una vida reducida a la supervivencia deja de ser vivida. (Morin, 2022, p. 39)
Lograr lo anterior exige esfuerzo
personal y social; este capítulo subraya el lugar de la autonomía en la vida de
cada persona y cómo la universidad necesita tener en cuenta a los adultos
mayores dentro de sus planes de estudio.
Además, una reflexión filosófica
sobre el tema es cada día más urgente, porque las tendencias demográficas
muestran el crecimiento del número de personas mayores, los resultados de
estudios estadísticos indican, de manera paralela, descenso de las tasas de natalidad.
Las vidas durarán más años, dentro de familias poco numerosas. Sin embargo, los
análisis filosóficos no han aumentado exponencialmente, aunque son frecuentes
en sociólogos y planificadores, a pesar de esto existen trabajos hechos por
individualidades, como el realizado por Bertrand Russell, quien vivió 98 años,
o el escrito recientemente por Edgar Morin: Lecciones de un siglo de vida.
El filósofo inglés expresó,
refiriéndose a cómo la humanidad ha superado la evolución natural:
El
hombre ha sido disciplinado hasta ahora por su sujeción a la naturaleza.
Habiéndose emancipado de esta sujeción, muestra algunos de los defectos del
esclavo que se convierte en amo. Una nueva perspectiva moral es necesaria, en
la que la sumisión a los poderes de la naturaleza sea reemplazada por lo que
tiene el hombre de mejor. Mientras no exista esa moral, la ciencia que ha
librado al hombre de su cautiverio de la naturaleza podrá proceder a librarle
de su cautiverio de sí mismo. (Russell, 1989, p. 215)
Se ignora hasta dónde, liberarse
parcialmente de la naturaleza, lo que ha permitido la longevidad, conducirá a
un futuro esperanzador o deprimente, lleno de ancianos tristes, con demencia
senil o Alzheimer. La posibilidad de prolongar la existencia durante décadas se
enlaza actualmente con los debates sobre la eutanasia, porque se puede llegar a
una edad con limitaciones físicas o mentales y desear dejar de vivir.
En 2021, Morin, luego de contar cómo
vivió durante un siglo, en el que hubo episodios sociales y políticos intensos,
expresa: “la imposibilidad de eliminar el azar de todo lo que es humano, la
incertidumbre de nuestros destinos, la necesidad de estar preparado para que
ocurra lo inesperado, he aquí una de las lecciones más importantes de mi
experiencia de vida” (Morin, 2022, p. 37).
Dentro de esta realidad está la
educación para adultos mayores donde la universidad tiene su lugar. La misma
puede realizarse con primacía del docente, quien da instrucciones o, en el
extremo opuesto, centrado en desarrollar la autonomía del discente. Este artículo
hablará de la necesidad de la educación actual de mirar a las personas de
tercera y cuarta edad, cada día más numerosas, y ayudarlas a buscar su
desarrollo con criterios autónomos.
El enfoque de este texto es
filosófico, desde el punto de vista de esta disciplina, no es posible dar una
definición de longevidad, porque en esta área del saber cada autor enfoca su
análisis de manera diferente y escribe conceptos propios.
A pesar de las discrepancias, el tema
de este artículo necesita ser objeto de reflexión de diversas especialidades
filosóficas: antropología, ética, filosofía de la educación y filosofía
política, entre otras.
Es punto básico de una antropología
filosófica, pues demuestra la combinación de enfoques hasta llegar a un
homo sapiens-faber- complexus, como esencia humana. Se trata de un ser
más que biológico, aunque tiene raíces corporales, pero ha sido capaz de
superar su destino físico que tenía una fecha de muerte, ha logrado prolongar
su existencia.
Además de la antropología, mantener
largas vidas necesita ser analizado por la ética, porque para ello
intervienen la responsabilidad individual, familiar y social. El compromiso con
la propia subsistencia, la de los seres cercanos y de la humanidad, es tarea
que necesita ubicarse también dentro de la filosofía de la educación,
como uno de los fines de la actividad docente. No se trata solo de continuar la
conservación de la especie y formar para ello, sino más: lograr vidas longevas
que consigan resarcir errores de juventud o, por el contrario, que sean capaces
de continuar con los principios que han establecido, y puedan disfrutar de la
cosecha.
Dentro de la filosofía política
la longevidad ocupa un lugar primordial: la sociedad y el Estado son quienes
necesitan crear las condiciones, “capacidades” en vocabulario de Nussbaum, para
vivir numerosos años, sanos, con ingresos y demás situaciones que los
sostengan.
La longevidad actualmente está
influida por las posibilidades tecnológicas, tanto para lograr salud, como para
permitir el aumento de los años donde cada día tenga sentido, y sea algo más
que jornadas de supervivencia.
Como ya lo ha definido y difundido la
OMS, la salud incluye el bienestar físico, mental y social, por lo tanto,
enfocar este tema exige pensar los tres aspectos interrelacionados.
Dado el planteamiento anterior, este
texto tiene dos partes; en la primera se analiza la longevidad como una
cualidad vital en la cual necesitan converger factores corporales y psíquicos,
dentro de un contexto social que garantice una existencia con dignidad. Por
ello, en la segunda sección se reflexiona, desde el punto de vista filosófico,
sobre el lugar del autocuidado y la autonomía. Una vida longeva deseable
necesita ser relativamente independiente, dado que cada persona recurre
parcialmente a otros, aun los jóvenes. La ansiada autonomía debe estar
acompañada de responsabilidad consigo mismo y, simultáneamente, con los otros;
estos puntos también son objeto de análisis.
Para fundamentar la reflexión se
recurre a argumentos de Bergson, Etxeberria, Jankélévitch, Levmore, Lévinas, Nussbaum,
Piñas, Schopenhauer y Spencer. A continuación, brevemente se relata el trabajo
de tres proyectos universitarios, cuyos objetivos son la formación autónoma del
adulto mayor (Orosa, 2024; Universidad abierta a la tercera edad (UNATI) UEL,
Portal, 2023; Tognolotti et al., 2021).
1. CONEXIÓN ENTRE CUERPO,
MENTE Y RELACIONES SOCIALES
¿Qué lugar le dan a la corporeidad
distintos filósofos, dentro de sus sistemas conceptuales?
El cuerpo humano es resultado de una
larga evolución, enfocada con distintas ópticas, cada autor la ha concebido de
manera diferente. Así, Herbert Spencer, en el siglo XIX, integra lo biológico
dentro de una estructura creada por él; concibe un proceso regido por un doble
motor: la fijación de energía, la cual conduce a la diferenciación de lo simple
a lo complejo y la liberación de la misma; se transita desde lo homogéneo a lo
heterogéneo.
Con críticas constantes a Spencer, en
el siglo XX sobresale la postura del filósofo francés Henri Bergson. Defiende
un evolucionismo espiritualista donde la existencia surge de un principio, el Elan
Vital, concebido como vida que no muere, acción, fuerza libre. De ahí
surgen las especies que evolucionan por diferentes caminos hasta llegar a una
que posee espíritu, con posibilidad de conductas libres: la humanidad.
En 1907 escribe:
El
animal se apoya en la planta, el hombre cabalga sobre la animalidad, y la
humanidad entera, en el espacio y en el tiempo, es un inmenso ejército que
galopa al lado, delante y detrás de cada uno de nosotros, en una carga
arrolladora capaz de derribar todas las resistencias y de franquear numerosos
obstáculos, incluso quizá la muerte. (Bergson, 1963, p. 739)
La ciencia y los avances tecnológicos
permiten lo impensable hace unas décadas. Los adultos mayores suelen necesitar
cirugías y prótesis, anteriormente peligrosas y complicadas, ahora sencillas y
con poco riesgo: intervenciones en los ojos ambulatorias, prótesis auditivas
pequeñas y prácticas, stent como endoprótesis vasculares, entre otras
situaciones bastante frecuentes. La Facultad de Estudios Sociales y de Trabajo
de la Universidad de Málaga tiene el proyecto “Vivir en casa” donde se presenta
un modelo de atención domiciliaria en cuidados, mediante asistentes robóticos
basados en sensores que ayudan en la rutina de las personas no autónomas
(Universidad de Málaga, 2023).
Los estudios genéticos y epigenéticos
iluminan un futuro donde cuerpos con muchos años de vida pueden ser lo
cotidiano. ¿Se podrá vencer a la muerte por causas naturales, y morir solamente
por accidente o por decisión personal, cuando se entienda que ya no se desea
seguir? ¿Será posible derribar la muerte como lo plantea Bergson?
La respuesta de Jankélévitch,
discípulo conceptual de Bergson, frente
a la idea de que la humanidad llegue a triunfar sobre la muerte y exista la
posibilidad de decidir cuándo morir es: “La muerte de la muerte y la nada de la
nada significan, para decirlo de una vez, el fracaso del fracaso y la derrota
del derrotismo” (Jankélévitch, 1962, p. 318).
Pero vivir numerosos años, hasta que
se decida morir, puede ser deprimente porque los cambios físicos provocan
modificaciones mentales y ocasionan transformaciones en las actividades
cotidianas. Schopenhauer subrayó la monotonía vivencial, señaló cómo la vida
transcurre sin cambios, se repiten costumbres y hábitos, similares año tras
año, sin novedad:
Quien
vive dos o, incluso, tres generaciones de la especie humana se siente como un
espectador de las representaciones de ilusionistas de toda especie en sus
barracas de feria, mientras permanece sentado y ve repetir la actuación dos o
tres veces seguidas: como sólo estaba planeada una actuación no producen ya
ningún efecto, una vez que la ilusión y la novedad han desaparecido.
(Schopenhauer, 2010, pp. 46-47)
¿Qué estado psíquico siente un
anciano contemplando lo mismo en su propia rutina y en las aspiraciones de los
otros?
Simone de Beauvoir en La vejez
relata cómo un comité, estudioso del tema, a través de una encuesta, concluye
que está analizando a “parias” de la sociedad encadenados por tres causas:
problemas de salud, indigencia y soledad (Beauvoir, 2023, p. 306).
La autora escribe:
Los
jóvenes habitantes de los slums salen a la calle, forman bandas. Las
personas de edad viven recluidas; y en ese país donde las distancias, el ritmo
de vida no les permiten verse, donde se comunican entre sí esencialmente por
teléfono, cinco millones de personas no lo tienen. El doctor Linden, de Salud
Pública de Filadelfia, escribe: “Entre los factores que más contribuyen a crear
problemas afectivos entre nuestros conciudadanos de edad, hay que señalar el
ostracismo social de que son objeto, lo reducido del círculo de sus amigos, la
soledad, la disminución y la pérdida del respeto humano y el sentimiento de
disgusto con respecto a sí mismos.” (Beauvoir, 2023, p. 307)
Han transcurrido cinco décadas y el
aislamiento continúa, solo habría que sustituir las cifras en la cita anterior.
Hoy es realista pensar en vivir 100
años y, por lo tanto, planificar para ese período. La premura de antaño por
tener un trabajo seguro, casarse y tener hijos es esquema del pasado. El error
es posible, las “segundas oportunidades” están presentes, la longevidad lo
permite. Si no hay nada que enmendar ¿qué hacer, hacia qué objetivos vitales
dirigirse, una vez que las necesidades básicas han sido cubiertas y la vida
sigue? ¿Qué contenido tiene una mente anciana? Martha Nussbaum y Saul Levmore
dialogan sobre posibles respuestas a las preguntas anteriores y analizan
decisiones que suelen tomar las personas longevas; ambos tienen puntos de vista
distintos y el libro Envejecer con sentido resulta ameno, junto a la
profundidad intelectual que los caracteriza (Nussbaum y Levmore, 2018). Invitan
a pensar sobre una serie de situaciones: malas decisiones con respecto al
retiro, la herencia, las relaciones familiares, el control manipulador de
algunos ancianos, la jubilación, la discriminación por edad, el cuerpo con
arrugas, la calvicie, las emociones ancladas en el pasado, la filantropía, la
amistad y el amor.
Nussbaum profundiza en las cartas de
Cicerón a su amigo Ático, conversaciones entre ancianos, donde se defiende la
amistad duradera, ayuda invaluable en este período de la vida. En estas cartas
hay ironía y humor, la filósofa norteamericana valora esta actitud:
a
medida que la gente envejece, este tipo de juego [escribir una retórica de
burla y crítica], que requiere conciencia de la diferencia, se torna aún más
precioso. Especialmente cuando las personas son muy conocidas, quedan fijas en
la mente de la comunidad como lo que parecen ser. Existe un gran tótem de
madera erigido en el exterior, y en cambio el yo real, vulnerable y a menudo
problemático o aterrado, permanece invisible y desatendido. (Nussbaum y
Levmore, 2018, p. 99)
Un “yo profundo” en la expresión
bergsoniana, oculto, secreto.
Las personas que actualmente tienen
casi un siglo, en su juventud vivieron o escucharon por radio lo sucedido en
las dos guerras mundiales; la generación siguiente contempló la caída del Muro
de Berlín, la desintegración de la URSS; los jóvenes de la época posterior
empezaron a escuchar sobre la globalización, la vivieron; luego, en el
presente, las edades tempranas tienen un mundo virtual, también con clases
virtuales. Esta inédita situación exige pensar la educación y, especialmente, el
espacio universitario, donde longevos profesores continúan trabajando, muy
diferentes a quienes están sentados escuchando de manera intermitente, porque
en numerosas ocasiones están conectados a una red. La diversidad enriquece,
pero es difícil asumirla en situaciones cotidianas y acarrea conflictos a
resolver.
Cuerpos longevos autónomos provocan
cambios en las actitudes mentales, afloran planes y proyectos antes
impensables: romances entre ancianos, viajes, nuevos estudios, entre otras
actividades. Con el objetivo de que los actores de estas iniciativas no sean
víctimas de su vulnerabilidad, para mantener su dignidad, se necesitan las
garantías jurídicas que el Estado puede proporcionar. Son atribuciones y
obligaciones del mismo, ante la realidad de las personas longevas, tomar
medidas contra prácticas que se oponen a la dignidad personal como abandono,
aislamiento, incluso expulsión de la comunidad, junto a incorrecta
alimentación, descanso alterado, atención médica ausente o con ensañamiento
terapéutico, y, en casos condenables legalmente, malos tratos o penas crueles.
La comunidad internacional, a nivel
mundial o regional, ya ha aprobado convenciones vinculantes con los objetivos
anteriores, pero, dados los cambios legales realizados por gobernantes electos
democráticamente, donde se han perdido derechos adquiridos, es oportuno volver
a presentar la necesidad de mantener las prerrogativas conquistadas. Las
generaciones jóvenes leen poco sobre la evolución histórica de su país y del
mundo, pero tienen derecho a voto y pueden resolver contra lo obtenido tras
décadas de luchas académicas y sociales; pueden votar solo atendiendo a la
fuerza, energía y estilo de los candidatos a cargos públicos, por ello es
oportuno recordar los derechos de los adultos mayores.
Entre las conquistas citadas
anteriormente es importante la obligación del Estado de establecer políticas y
planes que eviten o sancionen la discriminación por razones de edad, con
especial énfasis en las discriminaciones múltiples, donde se acumula a la
anterior la acontecida por razones de género, migración, pobreza, ser indígena
o afrodescendiente, entre otras (OEA, 2015).
La fragilidad de la mayoría de las
personas longevas necesita ser punto de partida de las discusiones
parlamentarias, para tomar decisiones concretas, aplicables, que eviten el
sufrimiento innecesario y protejan la dignidad. Por lo tanto, es básico que quien
tiene edad avanzada decida sobre prácticas médicas; desde el punto de vista
filosófico acá se incluyen los debates sobre las condiciones del consentimiento
informado. Los seres humanos cambian con respecto a la forma en la cual desean
enfrentar su vida, por lo tanto, conforme pasan los años, los documentos que
firmen es necesario que puedan ser anulados por decisiones posteriores. No es
lo mismo planear los cuidados que se desea recibir o rechazar en el futuro,
cuando el firmante es joven y se plantea esto como ideas imaginadas, a
enfrentar la situación de manera real, vivencial. La persona mayor tiene el
derecho a recibir, interrumpir o rechazar tratamientos médicos, incluso con
prácticas tradicionales.
No se trata solo de la asistencia
sanitaria, en instituciones de salud o a través de la conducta de personal
especializado, el Estado debe buscar evitar cualquier tipo de violencia,
incluso dentro de la vida familiar. La Convención Interamericana establece en
su artículo 9:
Para
los efectos de esta Convención, se entenderá por violencia contra la persona
mayor cualquier acción o conducta que cause muerte, daño o sufrimiento físico,
sexual o psicológico a la persona mayor, tanto en el ámbito público como en el
privado. Se entenderá que la definición de violencia contra la persona mayor
comprende, entre otros, distintos tipos de abuso, incluso el financiero y
patrimonial, y maltrato físico, sexual, psicológico, explotación laboral, la
expulsión de su comunidad y toda forma de abandono o negligencia que tenga
lugar dentro o fuera del ámbito familiar o unidad doméstica o que sea
perpetrado o tolerado por el Estado o sus agentes dondequiera que ocurra. (OEA,
2015)
En cada país la situación garantizada
legalmente es diferente, en las líneas anteriores se defiende la obligación de
los Estados de fomentar derechos e impedir discriminación en cualquiera de sus
formas, la manera de lograrlo es diferente en cada contexto económico, social y
cultural.
Una vez encauzado el camino hacia la
prolongación de los años, la lucha a emprender es para obtener vidas dignas,
con decisiones realizables. Dos condiciones necesitan estar en el camino: en
primer lugar, la autonomía del adulto mayor y en segundo lugar conductas
responsables, consigo mismo, con la familia y con la sociedad, aspectos de los
que se habla a continuación.
2. UNIVERSIDADES DE LA
TERCERA EDAD EN EL FOMENTO DE LA AUTONOMÍA Y RESPONSABILIDAD NECESARIAS
El máximo tesoro de una existencia
longeva es mantener la autonomía conquistada con el paso de los años, por lo
tanto, interesa lo obtenido durante la juventud y la edad adulta, porque hay
personas dependientes incluso en los años juveniles. El grado de autonomía es
una situación relativa: nadie es totalmente autónomo, se necesita al otro, a
los otros, para cubrir necesidades corporales, emocionales y de relación. Con
el transcurso del tiempo se acentúan los límites, notorios desde el punto de
vista físico y con esto inicia el camino de quedar en manos de familiares o de
instituciones. Antes de que esto ocurra es posible asumir el autocuidado, con
esta actitud puede posponerse o evitarse estar condicionado por las
resoluciones y acciones de los demás. El camino es cultivar la autonomía: “El
envejecimiento activo preserva la autonomía necesaria para seguir siendo ‘yo
mismo’ mientras tenga capacidad para ello y favorece un sentimiento de valía y
autoestima. Para ello necesitamos proteger la condición de posibilidad de todo
proceso personal: la autonomía” (Piñas, 2020, p. 10).
La independencia personal suele estar
condicionada por la situación económica de la persona longeva. Hay gastos para
atender la salud, correcciones ópticas, auditivas, motrices, todo ello
necesario para mantener un estilo de vida independiente; si no hay ingresos del
adulto mayor, destinados a cubrir estos rubros, las personas cercanas deberán
asumirlos y la situación se vuelve compleja en las familias, necesitan hacerse
cargo de egresos para cubrir necesidades multigeneracionales.
El aspecto económico tiene aristas
opuestas, porque en ocasiones la percepción remunerada obtenida por la
jubilación es usada por el resto del grupo, mientras el anciano no puede
resolver lo que él desea hacer con su dinero.
Dada la importancia de los ingresos,
quien vive una vida longeva puede continuar trabajando para cubrir
simultáneamente dos aspectos: el económico y, además, mantenerse activo,
sintiéndose útil e integrado en el ámbito social. Por esto, la autonomía
encierra un profundo proceso personal de evolución, donde la persona asuma que
cada etapa vital tiene sus posibilidades y sus límites, más allá de
estereotipos sociales donde se privilegian algunas edades y se denigran otras.
Frente a la autoimagen de un cuerpo
que envejece, dice Nussbaum:
Dar
lugar a un estigma social basado en el rechazo significa, en este caso, que uno
se rechaza a sí mismo. Si otras formas de estigma se asocian poderosamente con
la subordinación social a los demás ¿acaso esta no es una forma muy intensa de
subordinación socialmente infligida en la que participan, más o menos voluntariamente,
los propios ancianos, subordinándose o excluyéndose a sí mismos? (Nussbaum y Levmore,
2018, p. 151)
Por lo tanto, en el cultivo de la
autonomía, los propios patrones personales son los primeros enemigos a vencer.
Este aspecto interno lo llama Etxeberria “autonomía moral”, es la capacidad de
tomar decisiones luego de una argumentación racional personal, mientras que la
“autonomía fáctica” consiste en realizar tales decisiones (Etxeberria, 2014, p.
63).
Los objetivos hacia los cuales
necesitan dirigirse las conductas, tanto propias como las de la familia, la
sociedad y el Estado, tienden a lograr la valoración de cuerpos y mentes
longevas, satisfechos consigo mismo, con las actividades que realizan y con
esperanza sobre el futuro próximo. La utilidad e integración sociales son
importantes, dentro de un estado de ánimo donde predominen sentimientos
positivos, con mirada realista frente a las limitaciones propias de la edad. Acercarse
a estas metas es responsabilidad individual y social. Pero lograr lo anterior
es difícil, con exquisitas imágenes lo expresa Simone de Beauvoir, se refiere a
la dificultad de continuar con proyectos a medida que avanza la vejez:
Los
valores, los fines que encontramos fuera de nosotros son el fruto de nuestras
inversiones. Nuestra ausencia de pasión, nuestra inercia, son las que crean el
vacío alrededor de nosotros. Las rosas, los nenúfares de Andersen se callan porque
las ganas de escribir lo han abandonado. Todas las morales del instante son
erróneas porque desconocen la verdad del tiempo; los tres “ex-stases”
temporales no pueden enunciarse sino juntos; el presente no es; el para sí sólo
existe trascendiéndose hacia el porvenir a partir del pasado, y el mundo se
descubre a la luz de nuestros proyectos; aquél se empobrece si éstos se
debilitan. Renunciar a nuestras actividades no es acceder a delicias perezosas
que aquéllas nos habían vedado; es despoblar el universo esterilizando el
porvenir. (Beauvouir, 2023, p. 557)
Es un enfoque realista con toques de
pesimismo; cada etapa de la vida tiene posibilidades y obstáculos, la mayoría
de las situaciones no se dan de manera automática, requieren esfuerzo personal
para que sean realidad, los últimos períodos también necesitan ser cultivados
por quien los vive. Existe un grado de opción personal, variable de un
individuo a otro, en el cual se puede elegir entre abandonarse o luchar por el
propio bienestar físico, mental y social.
En este proceso es básica la
presencia de “los otros”, para acompañar y estimular los esfuerzos. El enfoque
de Nussbaum, sobre las razones de ayudar a otros, dentro del contexto teórico
del envejecimiento, está apoyado en casos reales. No se acerca al tema desde la
responsabilidad, sino a través del altruismo. Distingue cuatro posibilidades:
procurar el bien de los demás y con esto obtener un beneficio personal,
mantener los intereses anteriores y simultáneamente hacer el bien, centrarse en
los demás porque ello es importante para sí mismo y, por último, actuar en
beneficio de otros sin reconocimiento personal.
La filósofa recuerda cómo las diferentes
conductas podrían esconder el miedo a la propia muerte, presente en las
reflexiones filosóficas desde la antigüedad griega. La interacción de ayudar al
otro puede tener la dirección opuesta a la ya planteada: quien colabora es la
persona longeva, y los motivos por los que lo hace son clasificados con los
cuatro criterios ya mencionados. Las opciones son: la persona mayor coopera
para manipular y así tener más atención y cuidados, o se centra en dejar huella
en hijos y nietos y por ello busca el bienestar de los mismos, o desea su
inmortalidad a través de sus descendientes y, finalmente, las personas de edad
avanzada se sienten comprometidas con el bienestar de sus familiares. Esto
último implica, de acuerdo con Nussbaum, adquirir determinados hábitos:
Primero.
La interdependencia es un aspecto de toda vida humana y suele ser deliciosa; al
valorarla y aprender a disfrutarla, la gente se prepara para la mayor
dependencia que surge con la edad.
En
segundo lugar, las personas mayores también deberían centrarse en el
autocontrol emocional. La honestidad es valiosa, pero no significa expresar
cualquier miedo, queja o irritación. Nuestra cultura, adicta a la confesión, en
cierto sentido ha olvidado la obviedad de que la expresión de las propias
emociones dista mucho de ser neutral. Plantea exigencias a los demás. El
altruismo hacia los demás implica ahorrarles buena parte de las emociones
negativas que uno experimenta. (Nussbaum y Levmore, 2018, pp. 308-309)
La tercera propuesta incluye, además,
que la persona mayor intente comprender el punto de vista de los otros, actitud
difícil de asumir a medida que transcurre el envejecimiento:
Intentar
recordar qué sienten y desean los hijos, nietos y los amigos más jóvenes y más
viejos es un ejercicio que habría que hacer todos los días. Escribir un diario –no
de los propios sentimientos, sino de los ajenos– puede ser de ayuda, pero rara
vez se hace, y los blogs y los cuadernos optan por centrarse en el ego.
(Nussbaum y Levmore, 2018, p. 309)
Este acercamiento, este interés por
lo que no son las propias vivencias, ha sido tratado por diferentes filósofos;
en esta reflexión se recurrirá a lo expresado por Schopenhauer y por Lévinas.
El primero se refiere a la conmiseración como esa actitud en la cual se
borra esa línea que separa, de este modo, el “no yo” se convierte en algo del
“yo”; este es el principio de la caridad verdadera (Schopenhauer, 2009, p.
119).
Para Schopenhauer la conmiseración es
esencia de la conciencia humana, idea a priori, parte de la naturaleza,
común a todos los países y épocas, aflora incluso en las guerras más crueles;
quien carece de ella está fuera de la humanidad.
El filósofo alemán opone envidia y
lástima; en ambos sentimientos hay una comparación entre lo vivido por el otro
y las experiencias personales. Con vocabulario poético presenta a la envidia
como un muro engrosado entre un tú y un yo, mientras que la compasión hace a la
pared delgada y transparente o es capaz de derribarla y así se diluyen las
diferencias. Expresa:
Ese
hombre, que ha llegado hasta el punto de reconocerse a sí mismo en todos los
seres, considera como suyos los infinitos sufrimientos de todo lo que vive, y
debe apropiarse el dolor del mundo. Ninguna angustia le es extraña. Todos los
tormentos que ve y raras veces puede dulcificar; todos los dolores que oye
referir, hasta los mismos que él concibe, hieren su alma como si fuese él la
propia víctima de ellos. (Schopenhauer, 2009, p. 125)
Este tipo de sentimientos son
necesarios para sentirse responsable de los demás.
En esta cercanía con el Otro, con la
persona longeva, quien puede ser visto en expresiones de Lévinas,
cuando señala cómo el rostro y su mirada, es el encuentro sin
intermediarios, donde se capta la vulnerabilidad y, simultáneamente, es un
llamado a la responsabilidad. En este filósofo el Otro es la viuda, el huérfano,
el extranjero y el despojado, expresiones aplicables al tema de este texto. Reconocer
las carencias del Otro conduce a la respuesta “Heme aquí” (Lévinas, 2012).
En palabras del autor “entiendo la
responsabilidad como responsabilidad con el otro, así, como
responsabilidad para lo que no es asunto mío o que incluso no me concierne o
que precisamente me concierne y es abordado por mí, como rostro” (Lévinas,
2012, p. 41). Estas actitudes son características esenciales de la humanidad,
es la carga de la “suprema dignidad”, la postura de Lévinas lo muestra como un
filósofo donde la ética es pensamiento central, fruto de las trágicas vivencias
al haber sido prisionero y conocer el campo de concentración, no es ingenuidad
infantil, sino juicio maduro.
No solo existe la responsabilidad
individual consigo mismo y con el otro, sino, también, la responsabilidad de la
sociedad y específicamente del sistema educativo. En México, la Ley de los
Derechos de las Personas Adultas Mayores tiene dentro de sus principios rectores
la autonomía y la autorrealización, estas se refieren a acciones que les
permitan gozar de independencia, además de que puedan tomar decisiones y logren
un desarrollo personal y en comunidad (Cámara de Diputados, 2002).
La educación precisa estar dedicada a
las necesidades de este grupo de la población, al respecto Guerrero (2020) hace
alusión a la gerontagogía o geragogía como la disciplina enfocada en la
formación de las personas mayores; sin embargo, no solo se requiere un área
dedicada a ellas, pues la percepción social es un aspecto importante en la
formación profesional, ya que existen prejuicios alrededor del tema, por
ejemplo, si alguien con más de 50 años desea estudiar una licenciatura, se
enfrenta a comentarios desmotivantes de la familia y de la sociedad, porque se
considera que ese deseo no tiene sentido, por pensar que ya no se tiene edad
para ello; además, están los obstáculos intergeneracionales dentro del aula,
pues los mayores tienen limitaciones con respecto al uso de la tecnología, además
sus habilidades físicas son más lentas y esto algunas veces es cuestión de
burla o de rechazo entre los jóvenes.
Para Guerrero (2020) existen dos
dimensiones a considerar para incluir a las personas mayores en el ámbito
educativo: por una parte, está el empoderamiento, este es importante porque se
pueden desarrollar habilidades, a partir de la experiencia; un segundo aspecto
es el aporte a las nuevas generaciones y la inclusión en educación superior. Si
en el ámbito educativo las generaciones mayores comparten su conocimiento y su
trayectoria de vida, mediante asesorías, los jóvenes pueden valorar el cúmulo
de experiencias con las cuales cuenta la gente de edad avanzada.
La calidad de vida de las personas
mayores aumenta si ellas se sienten productivas, por ello se requiere eliminar
la idea de que ya no pueden hacer aportes a la sociedad o dejarlas de ver como
un estorbo, para lograrlo se requieren cambios en la forma en cómo son
percibidas socialmente. Así mismo, las políticas públicas deben considerar las
peculiaridades de cada grupo de adultos mayores, porque en su forma de ser y en
su pensamiento influyen las circunstancias que les tocó vivir en su época, por
ejemplo, ahora cuentan con estudios universitarios, los cuales no se tenían en
otros tiempos.
Existen algunos organismos que velan
por el desarrollo óptimo de las personas en la etapa de la vejez, y por ello se
han creado diferentes programas sociales, asistenciales y/o educativos en
países como Chile, Argentina, México, Colombia, Ecuador y Honduras, entre
otros. En algunos lugares de Europa y América Latina se han implementado las
Universidades de la Tercera Edad (Guerra et al., 2021).
En este contexto funciona la
Universidad Abierta de la Tercera Edad de la Universidad Federal del Triángulo
Mineiro (UNATI-UFTM, en portugués) ubicada en Uberaba, Minas Gerais, Brasil.
Realiza formación multidisciplinaria con los objetivos de contribuir a la
inclusión social y promover el envejecimiento activo y saludable (Universidad
abierta a la tercera edad (UNATI) UEL, Portal, 2023). Su trabajo está vinculado
con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, específicamente con el tercero: la
salud, bienestar, cuarto: educación de educación, quinto: igualdad de género,
décimo: reducción de desigualdades y con el dieciseisavo: paz, justicia e
instituciones sólidas.
Otro programa es Universidad para la
Tercera Edad (UniTE) (2025), dentro de la Facultad de Ciencias Sociales de la
Universidad Nacional de Lomas de Zamora, en el área conurbana de Buenos Aires.
Consta de cincuenta cursos o talleres, en cinco áreas: Humanidades, Ciencias
Sociales, Comunicación, Arquitectura, Informática e Idioma Extranjero. Puede
ingresar toda persona mayor de sesenta años, es el único requisito. Son ejes de
su trabajo la resiliencia y la inclusión (Tognolotti et al., 2021).
En Cuba existe la Cátedra
Universitaria del Adulto Mayor, dentro de la Universidad de la Habana, cuyo
objetivo es que las personas mayores se sientan activas y que mantengan su
participación dentro de la esfera social; se dan cursos para promover el
autocuidado y la prevención en cuestión de salud, se ofrecen actividades
recreativas, se fomenta el intercambio generacional y se ofertan cursos o
clases sobre temas de interés general, los cuales son impartidos por profesores
jubilados especialistas en las temáticas a abordar. Gracias a las actividades
dadas en esa Cátedra se han podido identificar los beneficios, entre ellos, las
personas mayores han mostrado tener una vida más activa y digna por contar con herramientas
que les permitan enfrentar los retos propios de esa etapa de la vida, también
muestran mayor autoestima, así como satisfacción personal (Orosa, 2024).
CONCLUSIONES
Urge un cambio de actitud a partir de
cada persona, familia, de la sociedad y del Estado y la filosofía puede aportar
ideas en búsqueda de sentido.
Si se observa la metodología de
teóricos recientes, como Nussbaum, al tratar el tema de la vejez, se verá que
sus afirmaciones están respaldadas por datos estadísticos sobre edades,
ocupaciones o ingresos; es una manera de acercarse al conocimiento, con actitud
multidisciplinaria.
Otra coincidencia entre los filósofos
actuales radica en que solicitan un diálogo imprescindible entre las
generaciones: clases con alumnos jóvenes incluyentes de personas de tercera
edad, reuniones sociales donde puedan ser oídas opiniones de diferentes grupos
etarios; estas situaciones se dan naturalmente en la familia, pero hay que
provocarlas en diversas oportunidades, para reflejar la heterogeneidad social.
En este trabajo no se ha hablado del
descanso, defendido hace unos años como la gran conquista de los adultos
mayores. En el presente los teóricos escriben más sobre las actividades
compatibles con la vejez, posponen descansar hasta cuando sea inevitable. Hay insistencia
en el autocuidado para poder mantener proyectos realistas a concretar después
de cumplir 60 años o más. Metas, aspiraciones y objetivos, son los motores de
la senectud.
La juventud actual vive en el
presente y, en su mayoría, no usa su energía ni recursos para prever cómo
transcurrirá su vida cuando no tenga fuerza, ni ingresos suficientes. Cuidar la
salud, ahorrar en la medida de las posibilidades, ir construyendo o pagando una
vivienda no son prioridades básicas. La sociedad de consumo amplía lo que
ofrece, cada día hay alguna novedad innecesaria, en la que se centran objetivos
y conductas personales. Una vida austera está lejos de los deseos de los
jóvenes. Pensar en el futuro, como anciano, se ve como algo irreal; habrá
tiempo para solucionar los problemas que en ese momento aparezcan.
Dentro de un individualismo creciente,
en la familia los adultos mayores son una carga difícil de llevar desde el
punto de vista de su compañía, atención, cuidados, apoyo o sostenimiento
económico. No es posible decir si esta situación ha sido provocada por el
cambio de estilo de vida o por otros factores, antes no había la dependencia de
aparatos con conectividad continua, las nuevas generaciones consumen su tiempo
y dinero en estar leyendo y respondiendo información proveniente de sus
móviles; los abuelos no son el centro de atención.
La sociedad tiene su lugar para
permitir la vida digna de las personas longevas, desde el establecimiento y
cuidado de parques, asociaciones de pares para el entretenimiento y cuidado de
las facultades vitales, hasta centros geriátricos tecnológicamente equipados y universidades
que incluyan a los adultos mayores.
En la tercera edad las metas
continúan, obtener conocimiento en ciencias y humanidades pudo no haber sido
realidad en la juventud, programas dentro de la educación superior pueden
satisfacer esta legítima aspiración. Usar el tiempo libre, abundante en la
vejez, para conocer otras culturas, a través de información fidedigna dada por
especialistas, es una opción para disminuir la soledad y el aislamiento
característicos de la tercera edad.
Los ancianos demandan asistir a aulas
universitarias, y esto es un acierto porque lo que interesa en la educación
superior es servir a la sociedad y formar personas, más allá de preparar para
el trabajo.
El tema longevidad es uno más ante el
cual se cierran los ojos y los oídos y, lamentablemente, con el aumento de la misma
habrá que abrirlos cuando su presencia golpee la vida personal y social.
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