Educar en tiempos de inteligencia artificial. Pensar un
currículum con enfoque humano-biocéntrico
Education in the Age of Artificial
Intelligence: Envisioning a Human-Biocentric Curriculum
ENSAYO ACADÉMICO
Neftali Gamboa Sánchez
Maestro
en Educación
Grupo
Educativo Siglo 21. México
ORCID:
https://orcid.org/0009-0001-9065-6403
Correo
electrónico: neftaligamboasanchez@gmail.com
Recibido: 10/06/2026
Aceptado: 20/07/2026
DOI: https://doi.org/10.53436/21VS61JD
D’perspectivas
siglo XXI,
Volumen 13, Número 26, Año 2026. Julio-diciembre
ISSN(e):
2448-6566
Este
es un documento de acceso abierto bajo la licencia
Creative
Commons 4.0 Atribución-No Comercial
(CC
BY-NC 4.0 Internacional)
Resumen
Objetivo: Este texto se propone analizar los fines de la educación
frente a la llegada de la inteligencia artificial y proponer un currículo
denominado humano-biocéntrico que vincule la dignidad humana, el valor
intrínseco de la vida y la responsabilidad tecnológica. Metodología: Para
lograr lo anterior se analizan de manera documental los marcos de competencias
y las orientaciones éticas provenientes de organismos internacionales como la
UNESCO y la OECD; la concepción humanista y personalista de Magnifica
humanitas; la ética de la responsabilidad de Hans Jonas; y las propuestas
biocéntricas. Resultados: La integración educativa de la IA debe superar
el instrumentalismo y ha de orientar la educación hacia el desarrollo de fines
que privilegien la dignidad humana y la vida. El currículo humano-biocéntrico
se plantea como una categoría que integra la formación integral, la ética
biocéntrica y la gobernanza responsable de la inteligencia artificial. Conclusiones:
El principal problema educativo que debe ser discutido frente a la IA no es un
problema sobre el uso, sino de currículum; es decir, hay que dejar de organizar
la formación y la enseñanza que se imparten en las instituciones en torno a
herramientas y recuperar la pregunta por el tipo de persona y de convivencia
que se quiere formar. La IA será educativamente legítima cuando sea capaz de
fortalecer la dignidad humana, la responsabilidad social y preserve la vida.
Palabras clave: inteligencia artificial, currículum, responsabilidad
tecnológica.
Abstract
Objective: This text
aims to analyze the purposes of education in response to the emergence of
artificial intelligence and to propose a curriculum defined as
human-biocentric, linking human dignity, the intrinsic value of life, and
technological responsibility. Methodology: A documentary analysis was
conducted of competency frameworks and ethical guidelines issued by
international organizations such as UNESCO and the OECD, together with the
humanistic and personalist conception presented in Magnifica Humanitas,
Hans Jonas’s ethics of responsibility, and biocentric perspectives. Results:
The educational integration of AI must move beyond instrumentalism and guide
education toward purposes that prioritize human dignity and life. The
human-biocentric curriculum is proposed as a conceptual category that
integrates holistic education, biocentric ethics, and the responsible
governance of artificial intelligence. Conclusions: The primary
educational issue that must be discussed in relation to AI is not merely one of
use, but rather one of curriculum. In other words, educational institutions
must stop organizing education and teaching around technological tools and
return to the fundamental question of what kind of person and what form of
coexistence they seek to cultivate. AI will be educationally legitimate when it
strengthens human dignity and social responsibility while preserving life.
Keywords: Artificial
Intelligence, curriculum, technological responsibility.
Introducción
¿Qué retos enfrenta la educación en la producción de
conocimiento ante una herramienta que puede generar información a una velocidad
ilimitada? ¿Qué justifica la existencia de las instituciones educativas, si
ahora todo el consumo de información se resume a un clic y cuál sería su
propósito? ¿Lo que se produce en las aulas es un proceso real de aprendizaje o es
producto de una inteligencia artificial? Estas y otras preguntas surgen en el
ámbito educativo tras la irrupción de la inteligencia artificial, su llegada ha
modificado la manera en la que las personas producen y consumen información y,
al mismo tiempo, cómo producen conocimiento. El debate actualmente se ha
centrado en el uso de la herramienta, su eficiencia en los procesos y en la
automatización. Sin embargo, la discusión aún no supera el instrumentalismo, es
momento de avanzar hacia la discusión sobre el sentido de la educación frente a
la automatización.
Este escenario obliga a replantear el currículo y, con ello,
los fines formativos, tomando como punto de partida las implicaciones del uso
de la IA, no así, la propia herramienta. La discusión fundamental de la
formación radica en qué formar: hombres, ciudadanos, sujetos o personas, y
definido esto evaluar qué enseñar, para qué y cómo hacerlo.
En respuesta a esta tensión, se propone como categoría de
análisis el concepto de currículo humano-biocéntrico, para comprender la
articulación del valor de la dignidad humana y de toda forma de vida, frente al
desarrollo tecnológico, concretamente el proveniente de la IA. La propuesta
subordina el papel de la IA a principios de responsabilidad y bien común, esto
significa que su uso se legitima solo en el fortalecimiento del desarrollo
humano y el cuidado de la vida, por tanto, estar actualizado a nivel tecnológico,
no depende de incorporar nuevas tecnologías, sino de pensar el sentido de la
formación para poder orientarla hacia la participación y la construcción
ciudadana (Gamboa, 2025).
La argumentación se sostiene a partir de marcos internacionales
de educación provenientes de organismos como la UNESCO, la OECD, además de la
propuesta antropológica de Magnifica humanitas, primera carta
encíclica del papa León XIV, publicada en 2026, dedicada a la custodia y
protección de la persona humana en tiempos de IA y a propuestas
biométricas contemporáneas. El objetivo del presente escrito está centrado en
analizar los fines educativos en tiempos de inteligencia artificial sin
renunciar a la verdad, la dignidad humana y el cuidado de la vida.
La Inteligencia Artificial (IA) ha llegado para quedarse, es
una realidad de la cual no se puede escapar. Los grandes organismos
internacionales que trabajan en torno a la educación, como la UNESCO (2024a,
2024b, 2025), la OECD (2026) coinciden en que la IA está penetrando cada vez
más, y de manera casi invisible, en distintos ámbitos de la vida como el
educativo, el profesional, el laboral, el político y hasta el civil. Ante esto,
las instituciones educativas no pueden limitarse a enseñar desde una
perspectiva instrumentalista (cómo utilizar este tipo de herramientas), pensar
que esa es la manera correcta de integrar IA a la educación es una mirada
limitada por el instrumentalismo, la técnica e incluso la moda. Lo cierto es
que, su inmersión es un hecho, una realidad que ha traído consigo sus propios
retos.
En este sentido, es necesario pensar en una formación que
incluya conocimientos, habilidades y actitudes para comprender cómo operan
estos sistemas, evaluar críticamente sus salidas y emplearlos de forma ética y
creativa. Por tanto, es notorio que evaluar sus beneficios supera la simple
adopción tecnológica y pone de manifiesto el tipo de competencias requeridas en
los espacios educativos para el uso de inteligencia artificial.
Su potencial educativo ha de tomar en cuenta el tipo de
actividad, la mediación docente y las operaciones cognitivas que el estudiante
logra consolidar al interactuar con la IA.
La UNESCO (2024a, 2024b) ha comenzado a organizar estas competencias
tanto para docentes como para estudiantes de la siguiente manera, para los
primeros en cuatro dimensiones: 1) mentalidad centrada en el ser humano, 2)
ética de la IA, 3) técnicas y aplicaciones, y 4) diseño de sistemas; mientras
que para los segundos se han agrupado en cinco: 1) mentalidad centrada en el
ser humano, 2) ética, 3) fundamentos y aplicaciones, 4) pedagogía de IA, y 5)
aprendizaje profesional, a partir de esta clasificación la OECD ha hecho lo
propio (2026a).
Dichas competencias surgen de cuestionamientos respecto a su
uso, finalidad, alcances y limitaciones a partir de realidades que se observan
en el día a día en el aula, así como sobre su potencial en la generación de
materiales educativos y la automatización u optimización de evaluación,
sistemas de tutoría, bots con escenarios de aprendizaje complejos, lo que
concierne a la instrucción docente, personalización del aprendizaje o gestión
de contenidos, reducción de carga laboral y administrativa y distintas actividades
que pueden ser automatizadas (OpenAI, 2022; Pérez y Robador, 2023; Liang et
al., 2025; Alfiras et al., 2026).
Sin embargo, también es cierto que los desafíos que llegaron
con ella ampliaron muchas brechas de limitaciones tecnológicas, obstáculos
pedagógicos, riesgos éticos y barreras sistémicas que pueden ampliar
desigualdades preexistentes. Esto sin contar que la velocidad con la que se da
la actualización de todo este tipo de aplicaciones es voraz, en comparación con
la atención que se le da a nivel educativo y de alfabetización (UNESCO, 2023;
OECD, 2026).
La UNESCO (2025) recuerda que la IA ofrece grandes
oportunidades, sin embargo, defiende también la dignidad humana y el enfoque
humano-céntrico basado en los derechos y en la dimensión social y emocional que
brinda la educación frente a las brechas digitales, económicas, culturales que
se están abriendo, derivadas del uso de la IA. Lo anterior deja en claro que
las innovaciones pueden ampliar las oportunidades de miles de personas y, al
mismo tiempo, dejar atrás a millones.
Las brechas se han comenzado a abrir, sin dar atención al
currículum, sin embargo, actualmente los cambios curriculares comienzan a
hacerse presentes, esto acrecienta la necesidad de poner atención en las
repercusiones que puede haber. Hasta el momento solo once países a nivel
mundial han logrado aprobar e implementar currículos oficiales de IA, (cabe
señalar que se ha hecho en nivel K-12, que abarca de preescolar a secundaria), no
obstante, conviene recordar y remarcar lo siguiente: la adopción tecnológica no
equivale al aprendizaje, la IA generativa puede apoyarlo solo si está guiada
por principios pedagógicos de enseñanza claros, sin embargo, si se usa para producir
tareas sin apoyo pedagógico, solo mejora el desempeño aparente, no el
aprendizaje real (UNESCO, 2023, OECD 2026).
Ante esta producción, la dignidad y el valor humano se van
desvaneciendo, para dar paso a la inmediatez de la información, así,
nace la necesidad de fortalecer un currículo que preserve esta dignidad y el pensamiento
crítico en lugar de sustituirlos a favor de la eficiencia (Gamboa, 2025).
Aunque el término empleado en este escrito pudiera parecer
contradictorio –derivado de concentrar dos términos que se consideran antagónicos–,
la intención es nombrar una categoría que contemple tres elementos importantes
para el debate educativo y la construcción de un currículum humano-biocéntrico
en tiempos de IA: una antropología educativa centrada en la persona (Robins,
2003) y en la formación integral; una ética biocéntrica que reconoce el valor
intrínseco de la vida y los ecosistemas; y una gobernanza educativa de la IA enfocada
en derechos pero, sobre todo, en la responsabilidad tecnológica. La propuesta
de este texto se centra en reflexionar sobre el rediseño del currículum
educativo para formar personas capaces de habitar tecnológicamente el mundo sin
romper sus vínculos con la verdad, lo humano, y los otros y su casa común.
Bajo este contexto se analizan dos propuestas teóricas, por
un lado, la antropológica, proveniente del documento Magnifica Humanitas
(2026), que realiza una crítica profunda al paradigma tecnocrático, la carta
centra su atención en una educación integral y establece una alianza entre
escuela, familia y política. Su propuesta radica en un humanismo integral que
puede dialogar con tradiciones biocéntricas y ecológicas. Por otro lado, se
analizará la propuesta biocéntrica que cuestiona la idea de otorgar valor a la
naturaleza por su utilidad para el ser humano.
Magnifica Humanitas (2026) coloca la discusión sobre la
IA dentro del problema tecnológico contemporáneo. En este sentido, la expansión
del paradigma tecnocrático ha impuesto una lógica de lucro, competencia,
eficiencia y control, por encima de la propia libertad y de la inteligencia
humana, sobre todo cuando las salidas -outputs- de la IA se
vuelven criterio de verdad de la realidad humana.
Custodiar lo humano, entre ello: la verdad, el
trabajo y la libertad, es un rol central de las escuelas y las lleva
a poner énfasis y atención a nivel sociopolítico, pedagógico, intelectual y
sapiencial. Los planes de estudio concebidos para otra época quedan rápidamente
obsoletos ante el desarrollo de la IA y las tecnologías de la información, por eso,
deben replantearse la organización escolar, los espacios, la evaluación y la
propia figura docente en dirección a una educación integral (León XIV, 2026;
UNESCO, 2023; OECD, 2026).
Es justo aquí donde parte el interés por recuperar estos
pilares para seguir apostando por una propuesta humana que vincule la educación
con principios de: verdad, dignidad, libertad, responsabilidad, bien común y de
ser necesario también imponer ciertos límites. Sobre todo, pensando que la
velocidad acelerada con la que se produce, difunde y consume información va en
contra de la naturaleza de la educación como un proceso que lleva su propio
tiempo, su propio ritmo, para conseguir la reflexión y discernimiento.
La escuela no puede y no debe ir al ritmo de la tecnología,
pues no se educa para ser competente, eficiente y eficaz y, por otro lado,
todos aquellos adjetivos provienen de la mercantilización de la misma, es
oportuno preguntarse entonces qué pretende la educación. La respuesta está
centrada en la dignidad ontológica de la persona.
La encíclica ofrece una primera base
antropológica-personalista que permite centrar la atención en lo humano,
salvaguardando su dignidad, al tiempo que expresa una crítica al teocratismo;
sin embargo, aún hace falta la otra cara de la moneda, la del biocentrismo.
Esta perspectiva propone que la educación debe partir de los
problemas vitales que rodean al estudiante: la salud, el medio ambiente, la
corporalidad, la vida en sí misma y al mismo tiempo, la competencia aprender
a convivir (Llanos, 2023).
Esto hace que la educación no se remita a un proceso de
decodificar información y generar abstracciones o soluciones procedimentales;
educar, remite a la vida misma, a cómo la vivimos y nos interrelacionamos con
otros y con el ambiente.
La necesidad de replantear el currículo escolar es
fundamental (OECD, 2025) derivado del veloz progreso de la inteligencia
artificial y otras áreas que están modificando la dinámica curricular. En este
sentido, sobrepasa las reflexiones que existen alrededor del uso, enseñanzas o
riesgos de la IA, porque se encuentran centradas en el instrumento, no
consideran cómo está modificando la vida y el trabajo. Esto hace indispensable
que las instituciones educativas delimiten y actualicen el contenido a enseñar
y con ello cuestionen conocimientos, habilidades y actitudes importantes de
transmitir actualmente.
Como se ha comentado, la intención del escrito, más que ser
una descripción de lo que está aconteciendo en el mundo, relacionado con la
educación y la IA, consiste en reflexionar una propuesta de incorporar al
currículo una visión humano-biocéntrica con la que se formen estudiantes que
interactúen con la IA de manera horizontal y legítima, a través de un modelo
formativo que reconozca el desarrollo de la persona y la dignidad humana y, al
mismo tiempo el valor inherente de la vida. En este sentido, reconoce la
importancia del desarrollo tecnológico cuando sus avances fortalecen ambas
dimensiones, y no por el contrario, si termina por desaparecer sus propios
límites. La diferencia principal de esta propuesta respecto a un currículo
digital, es que no lo organiza alrededor de las herramientas, sino alrededor de
los fines formativos. Por otro lado, también se pretende diferenciarlo de un
modelo humanista cerrado para poder incorporar los límites ecológicos y el
valor de la vida; es importante considerar el equilibro entre ambos (Bellomo,
2019).
En términos de diseño, esto implica desplazar el centro de
atención de la pregunta “¿qué herramienta usar?” a la pregunta central de
currículum “¿qué tipo de persona se desea formar?, y más aún ¿qué tipo de
convivencia se desea cultivar a partir de las experiencias que la institución
ofrece? Es el punto donde un currículum humano-biocéntrico se vuelve plausible
pues permite un criterio de selección de fines, contenidos y prácticas que
contemplen ambas dimensiones.
La propuesta que destaca para este análisis es la que
establece que el objetivo de la educación científica debe ser educar a “extraños
competentes” (competent outsiders), es decir, “individuals
who, while not specialists in every scientific discipline, possess the ability
to understand, engage with, and critically evaluate scientific information”[1]
(OECD, 2025, p. 3).
Esto significa dejar atrás la lógica de formar individuos
eficientes para el trabajo, para centrarse en formar personas con fines más
amplios y humanos. Aunque el concepto de competent outsiders parece ser
bastante ambiguo, abre la puerta para plantear la necesidad de reconfigurar la
finalidad de la educación en tiempos de la IA.
3. Principios para comenzar a pensar lo humano-biocéntrico
Con una propuesta humano-biocéntrica, se abren posibilidades
hacia el entendimiento crítico de la IA, es decir, comprender los límites de
dicha herramienta y saber hasta qué punto confiar en ella, para evitar su
aceptación a ciegas. Es mejor definir desde el inicio qué usos son permitidos,
cuáles exigen declaración, cuáles están prohibidos y señalar el valor de la
autoría intelectual, esto permitirá pensar el aprendizaje responsable a partir
del manejo que se da a la herramienta. Su uso no puede prohibirse o limitarse,
sin embargo, sí se puede responsabilizar a partir de una conciencia ética
(OECD, 2023).
Esto lleva a la siguiente discusión, referente a la esfera
pedagógica. Los modelos tradicionales de enseñanza centran su atención en el
diseño de actividades, tareas y proyectos, en algunos casos, con niveles
taxonómicos inferiores. Este rediseño curricular permite pensar en la
actualización de experiencias de aprendizaje que van más allá de vigilar estudiantes.
Si las actividades diseñadas por un docente pueden resolverse con una respuesta
estándar proveniente de modelo de IA, el problema no es la herramienta, es el
diseño curricular, es anterior al de una ética individual. Por tanto, las
estrategias deben cambiar hacia actividades que no reemplacen el pensamiento
por la automatización, esto involucra diseñar tareas auténticas, defensas
orales, trabajo comunitario con datos locales, y la construcción de productos
para audiencias reales (OECD, 2026). La propuesta no es nueva, son acciones que
se realizan en muchos espacios en el día a día, es un retorno a lo real, a lo
humano.
Una formación madura no es “usar siempre”, sino distinguir
cuándo la herramienta aporta y cuándo empobrece el proceso de aprendizaje y/o
la experiencia de aprendizaje, existen estrategias de enseñanza-aprendizaje que
implican procesos superiores y que no pueden entregarse sin más a la
automatización de lo artificial como la lectura profunda, la memoria
comprensiva, el aprendizaje por descubrimiento, el discernimiento moral, la
escucha comunitaria entre otros (UNESCO,2022; OECD 2021, 2025, 2026; León XIV,
2026).
Sin duda, es importante vincular la IA con el territorio y
comunidad. Un currículum que no integra la casa común pierde fuerza y
valor, Existen problemas concretos que la inteligencia artificial puede apoyar
a solventar y, al mismo tiempo, acrecentar. La responsabilidad tecnológica
humana y ambiental es necesaria. Esto permite un compromiso cívico-democrático
para utilizar la tecnología a favor del progreso social y del bienestar del
planeta (UNESCO,2022; UNESCO, 2021; OECD
2021, 2026: León XIV, 2026; Gamboa,
2025).
El ideal filosófico presente en esta propuesta es el
principio de responsabilidad tecnológica, que exige una ética que no se centre
solo en el presente y en el trato con los individuos, sino en el futuro de la
humanidad y el planeta. La tecnología moderna ha llegado a los límites, sus
acciones y las acciones humanas tienen efectos globales, algunos de ellos acumulándose
y otros, que han comenzado a ser irreversibles, modifican la esencia humana y
la vida en el planeta (Jonas, 1995).
La necesidad de plantear esta propuesta, proviene de un
imperativo categórico tecnológico, parafraseando a Jonas (1995) y a Kant: obrar
de tal modo que los efectos de nuestras acciones derivados del uso tecnológico
sean compatibles con la permanencia de la vida humana y de la vida en la
tierra.
Conclusiones
Un desafío curricular en nuestro tiempo es la inmersión de
la IA, porque coloca en tela de juicio la finalidad de la educación. Si las
tecnologías actuales son capaces de producir textos avanzados, buscar de manera
algorítmica información y ejecutar múltiples tareas intelectuales, entonces la
función escolar ya no puede reducirse a la trasmisión de conocimientos. El
desafío consiste en formar personas capaces de usar la IA con criterios
humanos, éticos y ecológicos orientados al bien común.
Las preguntas sobre herramientas, competencias o alfabetización
tecnológica son insuficientes para responder la voraz transformación de la
sociedad derivado de las mismas. El problema no es tecnológico, es curricular:
¿Qué experiencias, conocimientos, valores y formas de convivir deben seguir
constituyendo la esencia de la educación, cuando el acceso a la información
deja de ser parte de su función?
La propuesta realizada en este escrito integra dos
dimensiones inseparables y con el mismo valor, la dignidad de la persona y el
valor de la vida. La intención es articular su horizonte de actuación al ámbito
común de la responsabilidad tecnológica. Esto implica evaluar curricularmente
no únicamente la eficiencia, sino su contribución a la formación integral de
las personas, así como la garantía de preservar la vida. Lo técnicamente
posible y eficiente no siempre es pedagógicamente lo mejor y, menos aún,
justificado de manera ética. Eso sucede en las aulas. La prioridad a la
eficiencia, ralentiza el aprendizaje y sus procesos.
Aquí radica la importancia de una educación que no debería
abandonar la preocupación por el tipo de ser humano y sociedad que quiere
formar cuando la tecnología parece que cada vez hace más cosas por nosotros,
significa formar personas capaces de decidir, cuándo, cómo, para qué y con qué
límites utilizarla teniendo como criterio la dignidad humana y la vida.
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[1] Personas que, aunque no sean especialistas,
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